Hay fechas que no vuelven a ser un número en el calendario. Se quedan grabadas como una cicatriz que, aunque deje de doler, nunca desaparece del todo. Para mí, el 26 de abril de 2023 fue una de ellas. Ese día volví a nacer. No fue un nacimiento bonito. No hubo abrazos, ni alegría, ni fotografías para recordar el momento. Hubo dos entradas a quirófano el mismo día, una histerectomía total, varias transfusiones y un minuto y medio en el que mi corazón dejó de latir. Durante ese tiempo, alguien luchó para traerme de vuelta. Y lo consiguió. Desperté dos veces en la Unidad de Cuidados Críticos, rodeada de cables, monitores y el sonido constante de las máquinas. Mi cuerpo intentaba recuperarse, pero la herida más profunda no estaba en la operación. Estaba en la soledad. Me encontraba a más de mil kilómetros de mi casa, lejos de mi familia, consecuencia de una decisión que había tomado intentando escapar de una realidad que ya me estaba destruyendo por dentro. A veces el miedo nos llev...
"Escribir para sanar, sentir para vivir. Un trocito de mi alma."