Me he pasado la vida buscando culpables. Buscando responsables para todo lo que me había sucedido, para cada rincón oscuro que un día tuve que sanar y transformar en la mujer que soy hoy. Durante años busqué fuera las razones de un pasado que, por fin, ha dejado de pesarme. Sigue conmigo, sí, pero ocupa el lugar que le corresponde: el de una historia que me acompaña, no el de una condena que me persigue. Viví demasiado tiempo en piloto automático hasta que un día comprendí que estaba repitiendo un patrón. El de mi abuela materna. El de mi tía. El de mi madre. Un círculo que giraba una y otra vez, atravesando generaciones, sin que nadie encontrara la fuerza para detenerlo. Y no hablo de lo que ocurrió con mi abuelo paterno. No hablo del abuso que sufrió aquella niña que fui y que mi cuerpo siempre recordará porque alguien decidió habitarlo sin su permiso. En esa historia no hubo, no hay ni habrá jamás una sola pizca de culpa. Hablo de otra culpa. De la que apareció c...
"Escribir para sanar, sentir para vivir. Un trocito de mi alma."