Yo fui la culpable (de romper el círculo)
Me he pasado la vida buscando culpables. Buscando responsables para todo lo que me había pasado, para cada rincón oscuro que me ha tocado sanar y transformar en mi realidad. Buscaba fuera las razones de un pasado que hoy, por fin, ya no me pesa; ahora me acompaña, pero desde el lugar que se merece.
Durante mucho tiempo, viví en piloto automático hasta que me di cuenta de que estaba repitiendo un patrón. El de mi abuela materna, el de mi tía, el de mi madre... Un círculo que giraba y giraba en el tiempo sin que nadie se atreviera a detenerlo.
Y no, no hablo de lo que sucedió con mi abuelo paterno. No hablo de aquel abuso en mi infancia que mi cuerpo siempre recordará, porque alguien lo habitó sin mi permiso. Ahí, en esa niña que fui, no hubo, no hay ni habrá jamás una sola pizca de culpa.
Hablo de la otra culpa. De la que sentí al darme cuenta de lo que yo también permití después.
Me pasé media vida juzgando y prejuzgando a las mujeres que me precedieron, sin entender que ellas tampoco supieron hacerlo mejor. No es que quisieran dejarme un legado de dolor; es que actuaron de la mejor forma que pudieron con las herramientas de su tiempo. Un tiempo donde se juzgaba demasiado y se sanaba casi nada.
Pero sanar me ha enseñado que no existe la culpa real cuando lo que hay es una cadena de miedos y silencios heredados. Hoy decido dejar de juzgar a las que vinieron antes para empezar a perdonar. Perdono el abandono, perdono la ausencia y perdono el daño. Porque solo desde el perdón he sido capaz de recuperar mi soberanía.
Hoy las entiendo. Hoy, por fin, las comprendo.
He aprendido a perdonar a mi padre, que me abandonó para vivir en su propio concepto de libertad, y a mi madre, a quien no sentía presente porque vivía atrapada en el miedo constante a perder. Perdono aquello que en su momento me rompió, porque ahora entiendo cuánto daño tuvieron que callar ellas también para sobrevivir.
Al final de este viaje, me he dado cuenta de que yo sí fui la "culpable".
Culpable de decidir que el dolor terminaba conmigo. Culpable de dejar de buscar fuera para obligarme a mirar dentro. Porque la única manera real de honrar a las mujeres de mi linaje es ser yo la que, por fin, rompa la cadena.
Hoy elijo dejar de ser la “culpable”. Ya no lo soy.
Soy la mujer que ha recuperado las llaves de su propia historia. Soy la que decidió que, a partir de hoy, el círculo se rompe para siempre.
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